Pte. Mariscal Francisco Solano López Carrillo

Pte. Mariscal Francisco Solano López Carrillo

Batalla de Cerro Cora

Cerro Cora (en guaraní Cerro Kora: Rodeado de cerros) es un paraje del departamento de Amambay, en el Paraguay, casi inmediato a la actual frontera con Brasil y una decena de kilómetros al sudoeste de las ciudades de Pedro Juan Caballero y Punta Porá. Se encuentra al sur del río Aquidabán y a un lado del riachuelo, brazo del anterior, el Aquidábanigüi también conocido como Niguí. Allí, a partir de la madrugada del 1 de marzo de 1870 sucedió el último combate de la Guerra de la Triple Alianza.

El 28 de febrero, algunos indígenas caygús llevaron alimentos a los paraguayos y le advierten a López la proximidad de los brasileños; le ofrecen esconderlo en sus tolderías, en el fondo de los bosques, donde no podrían encontrarlos: Jaha caraí, ndétopái chéne repe los camba ore apytepe ("Vamos, señor; no darán con usted los negros adonde pensamos llevarle").

López agradece y declina el ofrecimiento, pues le comunica luego a sus oficiales, algunos de éstos sobrevivientes, que su destino ya estaba marcado y que no éstaban hechos para huir, que era preferible morir que dejar que el ejército invasor regara esos terrenos de sangre sin oponer resistencia.

Una tropa brasileña de aproximadamente unos 4.500 soldados bien pertrechados persiguió y arrinconó a la desfalleciente y mal armada hueste de unos 409 combatientes paraguayos, entre ellos inválidos, ancianos, mujeres y niños. Siete meses antes, cuando comenzaron la travesía al norte conocida como el Viacrucis de la Nación. Los brasileños siguieron al último puñado de paraguayos rebeldes. Aquéllos tienen un jefe: el mariscal Câmara (José Antônio Correia da Câmara), que escribe a su emperador, Pedro II:
...Su disciplina proverbial de morir antes que rendirse y de morir antes de hacerse prisioneros porque no tenía orden de su jefe ha aumentado por la moral adquirida, sensible es decirlo pero es la verdad, en las victorias, lo que viene a formar un conjunto que constituye a estos soldados, en soldados extraordinarios invencibles, sobrehumanos. López tiene también el don sobrenatural de magnetizar a sus soldados, infundiéndoles un espíritu que no puede apreciarse bastantemente con la palabra; el caso es que se vuelven extraordinarios; lejos de temer el peligro lo acometen con un arrojo sorprendente; lejos de economizar su vida, parece que buscan con frenético interés la ocasión de sacrificarla heroicamente, y de venderla por otra vida o por muchas vidas de sus enemigos (...) Vuestra Majestad, tuvo por bien encargarme muy especialmente el empleo del oro, para acompañado del sitio allanar la campaña del Paraguay, que venía haciéndose demasiadamente larga y plagada de sacrificios, y aparentemente imposible por la acción de las armas; pero el oro, Majestad, es materia inerte contra el fanatismo patrio de los Paraguayos desde que están bajo la mirada fascinadora, y el espíritu magnetizador de López...soldados, o simples, ciudadanos, mujeres y niños, el Paraguay todo cuando es él son una misma cosa, una sola cosas, un sólo ser moral indisoluble... ¿cuánto tiempo, cuántos hombres, cuántas vidas y cuántos elementos y recursos precisaremos para terminar la guerra, es decir para convertir en humo y polvo toda la población paraguaya, para matar hasta el feto del vientre de la mujer...?

La tropa paraguaya estaba comandada por el presidente mariscal Francisco Solano López. El coronel Panchito Solano, de quince años, jefe de su Estado Mayor. Fueron muertos casi todos los combatientes paraguayos, incluido Solano López y su hijo.

Derribaron a López a orillas del Arroyo Aquidabán Niguí. Su uniforme casi intacto, era como un blanco a lo lejos que resaltaba entre la soldadesca, se le tiran unos soldados cambá y lo bajan de su caballo bayo hecho ya un jamelgo, lo hieren de un sablazo en el bajo vientre y recibe un fuerte golpe en la cabeza, sin embargo logra escapar. Un par de sus oficiales lo rescatan y lo intentan sacar del lugar llevándolo hacia el Niguí, a unos treinta metros de donde lo hirieron. Algunos soldados imperiales los alcanzan, la cabeza de López tenía precio, lo arrinconan estando casi inconsciente semi sumergido en agua y lodo ensangrentado, donde le exigen la rendición.

Aquí es donde Solano López dice su famosa frase, -¡muero con mi patria!- pues el Paraguay ya no era lo que había soñado, y estando en manos enemigas, jamás volvería a serlo. Algunos afirman que intentó tragarse un retazo de la bandera antes de que lo encontraran, para evitar que fuera mancillada.

El área en donde sucedieron estos hechos es en la actualidad parte del Parque Nacional Cerro Corá, donde se hallan los bustos y los nombres -además del mariscal López-, de otros oficiales caídos:

- Coronel Dionisio Lirios - Coronel Luis Caminos - Presbítero José de la Cruz Aguilar - Capitán Benigno Ocampos - Capitán Francisco Argüello - Alférez José Ortigoza - Teniente Coronel Vicente Ignacio Ortigoza - Subteniente Agustín Sebbato - Presbítero B. Adorno - Sargento Mayor José Miguel Gauto - Coronel Gaspar Estigarribia - Teniente Agustín Estigarribia - Presbítero Francisco Espinoza - Coronel Juan De La Cruz Ávalos - Sargento Mayor Ascención López - General Francisco Vaz - Vice Presidente Francisco Sánchez - Coronel Juan Francisco Solano López (Panchito)

En el caso de este último, existe un cartel de madera al lado de su tumba que dice: "Tumba del Coronel Panchito López: En este lugar el Coronel Panchito López, joven de 16 años, hijo del Mariscal, fue interceptado por las fuerzas aliadas pidiéndole rendición. Demostrando el mismo valor de su padre dijo: "Un coronel paraguayo no se rinde"

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Todos los paraguayos, mujeres y niños dispuestos a morir por la libertad y elegir su propio destino...

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